sábado, 14 de junio de 2008

Entre la memoria y el recuerdo de Camilo Zapata

Auxiliadora Rosales
auxiliadora.rosales@laprensa.com.ni

A sus 86 años con Alzahaimer y un mal que ha dañado uno de sus mayores tesoros, la garganta, Camilo Zapata es una de nuestras grandes glorias vivientes, que se impone con su picardía al paso del tiempo y las adversidades.

Aunque aparentemente se le ve bien arreglado y cuidado, asegura que por sus problemas de salud evita presentarse en público y sobre todo se le esconde a la prensa, para evitar la distorsión de algunos hechos, que quizás ha olvidado.

Vive en Valle Dorado junto a uno de sus hijos y nietos, quienes lo quieren y respetan.

El clarinero mayor sufre de pérdida de memoria, pero lo que no ha perdido es su humildad y picardía. Es como decimos en buen nicaragüense “jodedor” y alegre.

Por haber recogido en el son nica la esencia musical de nuestro pueblo, ha sido merecedor de muchos reconocimientos y premios, el más reciente y quizás el más importante ha sido la medalla de oro de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI).



—Antes de venir a platicar con usted, estuve leyendo los artículos más recientes que han escrito y en algunos de ellos vi que hay imprecisiones en sus datos biográficos. ¿Será que el reportero se equivocó?

—Qué bueno que leíste sobre mí, así vos podés platicarme mejor sobre mi vida. (ríe) La verdad es que sufro de pérdida de memoria y a veces digo cosas que no son. Por eso evito hablar en público y hasta me le escondo a la prensa, para evitar errores.

Y cuando trato de recordar y esforzarme es peor, entonces mejor evito hacerlo. Pero lo bueno de este olvido es que también se me olvida que debo. (ríe)



—¿Qué han dicho los médicos de su estado de salud?

—Nada. Sólo tomate esto, esto otro, pero ninguno da, lo de mi garganta es lo que más me preocupa, porque es la base de mis composiciones y si estoy mal de mi garganta todo sale mal.

Estoy cansado, he visitado los mejores médicos y nadie ha hecho nada.



—¿Y las letras de sus canciones se le olvidan?

—(ríe) No, las letras de mis canciones no, porque todas las tengo escritas y las vivo leyendo.

Primero las escribo y luego le pongo música. También las canto para oír qué tal quedan, aunque para pasar la música al pentagrama tengo el apoyo de un amigo que se llama Agustín Narváez, yo se las canto y él las transcribe al pentagrama.



—¿Qué hace Camilo Zapata en su vida cotidiana?

—Desde que me levanto busco papel y lápiz y me pongo a escribir, aunque a veces no tengo deseos y cuando tengo ganas escribo hasta dos canciones diarias.



—¿Qué se siente ser profeta en su tierra, tan querido y admirado?

—Pues, definitivamente estoy tan agradecido de todo el pueblo de Nicaragua. Y por eso sólo concurro en público cuando me quieren dar algún homenaje.



—Muchos de sus temas tienen nombres de mujeres. ¿Fue muy enamorado en su juventud?

—Sí, es verdad era enamorado, pero no extremadamente. Me gustan las hembras, siempre he tenido amigas y sobre todo me han solicitado.



—¿Minga Rosa Pineda a quien es dedicada, existe el personaje?

—(ríe) La persona existe, vive en Ocotal, pero cuando la hice no lo sabía. Cuando la compuse me gustó el nombre, se me vino a la cabeza y ya.

Y le voy a platicar que en un acto público, hace ya varios años, una francesa se me acercó y me dijo: “Yo sé dónde está Minga Rosa Pineda”. Así le contesté, qué barbaridad la ando buscando.

Y ella me dijo: “Yo lo voy a llevar”. Hasta que acordamos ir a buscar a Minga Rosa Pineda, cuando la tuve de frente hablamos dos o tres cosas.



—¿De todas sus composiciones a cuál de ellas le tiene más aprecio?

—Yo las quiero a todas, pero la que más aprecio es El Solar de Monimbó, fue una de mis primeras composiciones, y le gustó mucho al pueblo nicaragüense. Es algo que llena el espíritu.

Lo escribí lejos de ese lugar durante un almuerzo al que me invitaron en Chinandega, pero pensaba en ese momento en Monimbó y salió.



—¿A qué edad empezó a componer?

—Desde muy chavalo, a los siete años, para mí sólo eran disparates, pero mis compañeros de clases me hacían rueda para oír mis disparates.



—¿Cómo ha hecho para no perder la humildad?

—Cómo la humildad es muy barata (ríe), me ha sido fácil. No, francamente mi carácter es así, no creo que sea yo el papá de Tarzán. Yo agradezco mucho que mis hermanos nicaragüenses me hayan dado tantas oportunidades de cantarles.



—¿Usted vivió alguna vez del arte?

—No, nunca he vivido del arte, yo he sido topógrafo, comerciante. He hecho de todo.



—¿Qué opina de los nuevos valores de la música?

—Pues fíjese que no he oído hablar más que de los Mejía Godoy que son muy buenos y de Otto de la Rocha que también es mi amigo, de ahí no te puedo decir nada.

LA MEDICINA

Según sus familiares para tratar el Alzahaimer que sufre el creador del son nica, tiene que tomar Excelo, cuyo frasco tiene un valor de casi dos mil córdobas y le dura un mes, además complementos vitamínicos acompañado de una buena alimentación.